martes, 18 de septiembre de 2007

La historia de chile

Cuando la conocí y estaba en frente de ella en el Cherokee por un momento pensé en culiarme a la Juanita mi antigua sirvienta de treinta años que me hacía té, pan con huevo y queso derretido mientras veía He-man, Shira o Robocop. Por un momento pensé en culiarme a la profesora de artes plásticas del colegio, que tanto nos enseñó sobre el modernismo Austriaco, que tanto habló sobre Klimt o Shille pero que nunca podrá trabajar en una galería vendiendo Mattas como lo hace mi prima la ignorante. Por un momento pensé a culiarme a todas las niñas escolares que veía cuando yo me iba en transporte y miraba las micros llenas. Ojos negros que parecen tristes, jumperes cortos y pegados a la insignia de un liceo, manos que sirven para lavar la ropa o para acurrucarte y decirte mi niñito lindo. Yo quise culiármela como me culie a la Paula, yo quise culiármela como me culie a la Ana, yo no quise culiármela como me culeo a la Maca mi polola. Yo no quise culiármela como me quiero culiar a mis compañeras de la universidad, ni quise cualiarmela como me quiero culiar a mis compañeras de yoga o a mis primas o a las amigas de mi polola. Yo no quise culiármela como a la Sofía o a la Ana Francisca o a la Tica. Yo quise culiármela distinto.
Yo quise culiármela en el momento que la vi. Por eso evite sentarme al lado de la Nacha, una amiga de mi polola que me hacia los puntos. Por eso también evite sentarme al lado del Carlos, mi amigo del alma que manejaba, o al lado de sus dos amigas que se iban a otro carrete. Por eso me fui en la parte de atrás de la Cherokee con ella, los dos sentados y mirándonos a los ojos. Ella como un gato que lo van a matar yo con una sonrisa de oreja a oreja. Un silencio mortal como si aún doscientos años no hubieran pasado y yo le pudiera decir a ella en un castellano antiguo que se sacara la ropa y que viniera hacia aquí y se pusiera de rodillas y ella callada me desabrochara el pantalón.
Después de hablarle un rato yo virtualmente me abalance sobre ella . Le di un beso y pude sentir el sabor a brillo labial chino y a colonia de guagua. Nada es mas divertido que estar en un auto y ver dos piernas como dos soles morenos lacerarte la cara y escuchar a una mujer que dice las palabras con las C-haches marcadas. Que cuando quiere decir mear dice a miar. Que se refiere con setiembre el mes de septiembre. Y tu hablarle y darle besos como si no pasara nada. Luego Carlos paró y me dijo que ya estábamos en mi casa. Nos despedimos de todos de besos y con frases cortas dijimos adiós. Una de sus amigas me dijo en tono de broma que si le hacia daño me la iba a ver con ella . Yo le respondí moviendo la cabeza. El Cherokee se cerro y se fue como una bala en la noche o como un tren o como una sombra y nos quedamos solos subiendo las escaleras sin decir nada y luego abriendo la puerta del departamento y luego desvistiéndonos. Sus ojos negros viéndome desde abajo se camuflaron con su pelo negro. Ni una sola mordida, ni un solo roce con los dientes, sus labios eran implacables. Como una trabajadora abnegada la di vuelta. Fue en ese momento que pensé que esta era una culiada histórica, fue como si mis padres dueños de la celulosa volvieran a culiarse a los trabajadores del sindicato, como si mis primos militares volvieran a culiarse a toda la villa Francia torturando y desapareciendo a sus hijos, fue como si mi abuelo ingles todavía se culiara a las niñas chicas de su fundo de Temuco que le regaló el estado diciendo sus fracesitas cortas en ingles, y como si el abuelo de mi abuelo español siguiera culiándoce a las indias, y como si todos mis demás parientes se estuvieran culiando a los huachos que dejaron desperdigados los demás miembros muertos de la familia en el mismo momento en que yo me la culiaba y ella decía dale mi amor más fuerte más fuerte. Pensé en el mito del eterno retorno. Sentí como si fuera una gran pica eléctrica y traté de sodomizarla. Me quede arrodillado en la cama viendo en su billetera una chapa de allende y del Che Guevara mientras ella se movía de atrás para adelante aceptando por el culo al hijo de terratenientes, de golpistas, de asesinos. Me sentí como todos los españoles empalando con una lanza enorme a un sólo gran Mapuche que los representaba a todos. Me sentí como todos los alemanes culiandose de nuevo a los huachos de los españoles. Me sentí como todos los ingleses culiandose a los huachos de los huachos de los españoles y de los alemanes. Pensé que quizás la historia de los Capuleto y los Montesco era una historia de violación y tortura consensual. Quizás somos hermanos, pensé mientras me la culiaba. Quizás somos hermanos o primos o tíos.
Luego terminamos y nos quedamos dormidos. Yo me desperté primero y ella me abrazó como una madre. Nos levantamos y ella no se duchó y se pinto rápido la cara y dijo que tenía que ir al trabajo. Me preguntó si nos íbamos a volver a ver, yo le dije que propuesto. Nos pedimos los teléfonos: 9-233549, me faltó anotar un numero, no importa. Luego se despidió de mi con un beso la boca y no la volví a llamar. Un mes después me llamó y me dijo que estaba embarazada. Me dijo que había hablado con su amiga y si no me ponía con plata le iba a contar lo de nosotros a la Maca. Plata para qué le pregunté yo. Plata para el aborto dijo. No voy a traer a este país otro huacho.

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